domingo, 12 de noviembre de 2017

Mi otoño se confiesa a medias

El Retiro, las hojas en el suelo, tomar algo en sitios con ruido porque ya no hay terrazas, hacerse el duro diciendo que no tienes frío, cerrarse un abrigo como James Dean en Broadway, el humo del café, el olor a chimenea, los zapatos de ante, los guantes de piel, las wayfarers en días nublados e incluso con sol, los auriculares soltando música durante cualquier trayecto, la exposición de Picasso (y sobretodo Lautrec) del Thyssen, la exposición permanente del Thyssen (y desear tener 3 días seguidos para no salir de ahí), el brunch de Carmencita Bar, los desayunos del sábado, los periódicos del domingo, entrar y salir de todos los bares de Ponzano,comer en la barra de Sylkar, cenar sentado en La Maquina, los miércoles de cocido, el pan de debajo de mi casa, comprar en el Mercado de Chamberi, cenar lo más cerca de Justicia entresemana, la copa de después en Barbara Ann, el salón del Only You, el Gin Fizz de Cock, los Pimm’s en la terraza de Cappuccino, los Old Fashioned en general, los Bloody Marys de Garbo/Ginger, -hablando de este último- poder volver a cenar con ella, ganarme su mirada, su sonrisa, su compañía, volver al Bernabeu, los martes/miercoles de Champions, el viento frío en la cara mientras corro de arriba a abajo Castellana, mi aprendizaje en Morales, mis entrenos, mis noches sin dormir, las nuevas temporadas de las series, mis amigos, imaginar la playa desierta y recordarla con nostalgia (it’s delicated, but potent), recordar que siempre que estuve en Nueva York fue en esta época y soñar con regresar en no mucho tiempo, mis indispensables de Twitter, algunas stories de Instagram, borrar emails, ir a Apple (y querer llevarme media tienda), conducir con la música alta para poder cantar, ir con prisa a la estación (y a todas partes), sonarle a los de seguridad de la estación, volver cansado a la estación, darle pena al del parking de la estación, comprar entradas para futuros conciertos, apuntarme a nuevos cursos, comprar libros que tardaré en leer, seguir tomando helados, escuchar algún día a Federico, sensibilizarme con Cuartango, añorar al Jabois de El Mundo frente al de El País, el diario de Pablo Mediavilla, los poemas de Luis Alberto de Cuenca, retomar a Houellebecq, volver a ver Casablanca, preguntarme qué fue de Rick después del aeródromo…

Esperar que llegue el invierno para seguir haciendo lo mismo.








domingo, 25 de junio de 2017

Cartas a un fantasma

A escasos metros del mar, hoy no puedo ver ponerse el sol porque está medio nublado. La brisa es más fuerte de lo habitual y parece que me trae recuerdos de ti; tu pelo en salitre, tus pestañas mojadas y el abrigo de tu piel. 
Me pregunto qué estarás haciendo ahora mismo, imagino que ser feliz aunque me duela que no sea yo el que está a tu lado. 

A lo lejos se intuye tormenta, su violencia es ridícula comparada con la de tu recuerdo y  mi duda de si aquello que más ansío es solo una ilusión que no existe.

La luz artificial va apoderándose de la natural, al igual que pasa con los restos de mi alma. Es el ciclo de la vida y de nuestras vidas, mañana tal vez se pueda ver la puesta de sol, pero ninguno de los dos estaremos aquí para verla.

Me doy cuenta de que solo necesitaba vomitar esto hacia el mar para que se lo llevase lejos. Vuelvo a ponerme los auriculares y a subir el volumen. No solo soy un tío duro, también único.

jueves, 18 de mayo de 2017

Amor verdadero un 14 de febrero

Ultimamente he abanderado una posición de escepticismo respecto al amor, tal vez porque no creía del todo en las personas. Y hoy, 14 de febrero, que llevo todo el día pensando mal de todos esos horteras que cenarán entre corazones de cartón (o peluche) y a los que me atrevía a pronosticarles su estrepitoso fracaso, me he topado con el amor de frente, con el amor de verdad. Siempre creí que su representación sería Adriana Lima caminando por Madrid o paseando por una playa con una tabla de surf, pero no. Era una pareja de ancianos que ha entrado a comer donde me encontraba. Él, bastante mayor, algo desorientado y no válido del todo por si mismo, era acompañado y cuidado bajo la mirada con mayor admiración que he visto en toda mi vida.
Jamás me he alegrado tanto de comer una ensalada

jueves, 1 de diciembre de 2016

Escape (I)

La llegada ha sido como esperaba, una mezcla entre cansancio y emoción. Me cuesta dormir en cualquier medio de transporte, esto no quita que a veces caiga como si mi vida dependiera de respirar (que no roncar) profundamente. Esta vez no ha sido el caso. He quemado series, música y el mapa interactivo que te ofrece Iberia en el que puedes ver por dónde va el avión y a la vez buscar en el globo dónde está Zaragoza o hasta Missouri. El control de seguridad no ofrece sorpresa alguna, más vale, porque sino sería mala señal, pero si respondes al policía con la seguridad de un concursante del la tele ya lo tienes hecho, pasas la puerta de la aduana y ya has llegado.

 El tío que me recogía me ha saludado llamándome "Boss", claro síntoma de que lo anglosajón nos está ganando la batalla, en España te llaman de "jefe" si eres camarero veterano en un bar. Me ha dejado en el hotel y creo que me he despedido con un: "thanks man" (a la vez que me moría por chocarle la mano como si hubiésemos crecido juntos en el mismo barrio). He subido a la habitación, dejado las cosas y he vuelto a irme. Ya eran las 9 y pico de la noche, así que tampoco era cuestión de hacer probatinas y perderme por ahí. Ha sido entonces cuando he dicho que iba a repetir la misma rutina de la última vez que vine, que fue hace 4 años casi por estas fechas. Esa rutina se ha basado en llegar hasta Times Sq para quedarme cegado por la luz de los anuncios. Esos carteles me recuerdan a Mad Men, aunque nunca salieran explícitamente en la serie, pero me recuerdan que el origen de nuestra sociedad está aquí. Una vez deslumbrado decido qué tal vez sea momento de volver, esa luz cegadora le recuerda a mis ojos que están cansados y los gritos de una pareja discutiendo (españoles) terminan de idealizarme el momento. Ya en plena vuelta a la realidad es cuando me percato que esa lluvia pulverizada que apenas llegaba a ver, dudo que aquí la llamen Txirimiri, me ha empapado por completo. Si no me llego a recortar la barba esta mañana  parecería George Clooney en la Tormenta perfecta, no solo por el físico (que a veces puedo parecerme) sino por el abrigo completamente calado.

Según me acerco al hotel los sitios de comida se dividen en tres: hamburguesas, pizzas y ¿healthy? Food. No hay mucho donde elegir, por lo que decido no complicarme la vida, entro en el sitio de las pizzas: 1 trozo de pizza pepperoni y 1 chocolate caliente por favor. En ese preciso instante veo que están echando el Barça-Hércules en esa cutre tienda al otro lado del mundo. Le digo que mejor para llevar, que me lo subo al hotel. La realidad a veces parece que se molesta en perseguirte.


jueves, 20 de octubre de 2016

Gracias por el viaje

El verano ya quedó atrás. Septiembre es un mes tan intenso que cuando me pongo a escribir estas líneas ya solo quedan unos días de octubre. Será que soy un nostálgico del verano y aun hay días que voy sin calcetines, sigo tomando gazpacho y durmiendo sin edredón. Tocó volver, llenar la nevera y... reincorporarse a la rutina. Atrás quedan las chicas en bikini paseando mientras le ponían caritas al Snapchat con la puesta de sol al fondo. Pero no todo lo que no sea eso va a ser malo, después de una temporada con todo off vuelven las canciones, películas, series y libros. Hay miles, pero yo voy a hablar un poco sobre lo que me ha hecho "viajar" este último mes.


Fotograma de Cafe Society.



Tengo que admitirlo, no soy de esta clase de grupos pero su nuevo single me ha fa-fa-fascinado (vale, reconozco que lo fácil era no ponerlo) No soy fan de este grupo, de hecho conocí a Sidonie con la canción de Fascinado, habré escuchado tres más en toda mi vida. No voy a entrar a catalogarlo porque hay gente que se daría de navajazos por decir si son pop o indies. Pero reconozco que cuando escuche Carreteras infinitas no pude evitar caer rendido ante esta canción. Hablan de la música en general y de los grupos en particular, de lo jodido que es triunfar en la música, de sus giras, hasta hablan de Madrid ¿A quien no le gustaría decir tengo una chica y una pistola? Carreteras infinitas me ameniza los viajes y no solo para cantar en el coche. Es puro buenrollismo.

Single "Carreteras infinitas" Sidonie.

Series… Con S de Suits. Hace dos años dije que la cuarta temporada había sido la mejor de la serie. El año pasado dije lo mismo con la quinta. Y este mes he visto la primera mitad de la sexta, van camino de conseguirlo. No voy a contar nada de la sexta porque al haber salido solo en EEUU no la habrá visto todo el mundo, hay que verla, aunque solo estuviera con subtítulos en chino. Tema aparte, me parece una buena serie porque además de una buena trama cuidan muchos aspectos como la ambientación, es fundamental creerse que estás en el despacho de un bufete que roza el cielo, otros detalles muy cuidados son el vestuario y la música. Posiblemente los dos que distinguen la serie de muchas otras y de los que voy a hablar muy de pasada porque mi amigo Alejandro Villena (que sabe mucho más del tema) lo ha plasmado mucho mejor y más detalladamente en su blog "Lo Banal". Solo me limitaré a decir que resulta imposible no caer rendido ante una mujer como Rachel, Donna o Jessica con esos vestidos. O por otro lado no creerte el mejor bateador de la ciudad con los trajes de Harvey. La música debería ser objeto de premio, algo a lo que irónicamente nunca ha estado nominada, pero que en Suits siempre han sabido manejar perfectamente para darle vida y sentimiento a una historia. Supongo que por eso algunas canciones entran dentro de lo que se conoce como "soul". Si tuviera que quedarme con tres serían: Cualquiera de Charles Bradley, Angels (The XX) y Way down we go (Kaleo). 

Protagonistas de Suits.


Películas… Este mes fui al cine a ver Un monstruo viene a verme, me gustó. Después fui a ver El hombre de las mil caras y me gustó aún más. Trata sobre el caso Roldan-Paesa. Una historia que nos pilló algo pequeños a algunos como para enterarnos del todo. Recuerdo cuando Roldán salió de la cárcel hace unos años y coincidí con el un par de veces de copas, si llega a ser ahora le hubiera pedido una ronda. Volviendo a la película me parece que esta bien dirigida y representada. Cuando una película española no es cutre y no intenta serlo, ya tiene mi atención e incluso mi aplauso. Posiblemente le sobren 10-15 minutos, pero en líneas generales le doy una nota bastante alta. Le escuché a Torres Dulce que le decepcionó porque le faltaba empatía emocional y narrativa. Fue entonces cuando me pregunte: y quién soy yo… Por suerte luego me acordé de lo de los colores y los gustos. Supongo que eso es lo bonito del cine.

Cartel de "El hombre de las mil caras".

Y por ultimo, la película que además de gustarme, me hizo viajar: Café Society. O eres de Allen o no, pero esta claro que no deja indiferente a nadie. Dicen que siempre hace lo mismo, que tiene un humor raro, que siempre mete historias de judíos… Pero nadie narra mejor esas historias que ya le hemos visto o incluso vivido. Allen nos ha enseñado en algunas de sus últimas películas (Match point, Blue Jasmin) que esa gente a la que habitualmente admiramos porque tienen fama o dinero también sufren igual que el resto de mundanos, ya sea por amor o ambición, incluso por ambición en el amor. Reconozco que Jesse Eisenberg y Kristen Stewart no son santos de mi devoción. Pero los dos están muy bien en su papel; él es como la reencarnación del mismo Allen, un joven ingenuo que quiere probar suerte en Hollywood y después de un tiempo y sin conseguir a la chica, se vuelve a Nueva York y por mucho que evoluciona su personalidad llega un momento en el que es incapaz de olvidarla. Ella también esta bien en su juego a dos bandas, enamorarse tarde, elegir y luego arrepentirse. Como enamorado de Blake Libely no puedo pasar por alto su actuación: simple pero brillante. Representa a una mujer guapa, elegante y agradable con la que cualquier hombre soñaría, incluso el mismo protagonista llega a casarse con ella, pero no termina de llenarle porque no puede olvidar a su antiguo amor. Si pudiese elegir le hubiera quitado parte de las historias de gángsters para darle más tiempo al drama sentimental. Pero me dedico a los dientes y no al cine. Así que contaré lo que me ha gustado. El toque de Woody Allen con una fotografía impecable y una banda sonora tan particular (que no se si alguien se volverá a atrever a meterla en alguna película) hacen que la película sea distinta a lo que solemos ver. Te hace viajar durante poco más de hora y media a un mundo que ya no existe, el Hollywood y Nueva York de los años 30, en el que el glamour y los sueños impedían ver la realidad. Ese contraste de color: el sol de California frente al atardecer de Central Park, muestran las dos caras de un mismo país, así como de dos personas tan iguales y tan distintas al mismo tiempo. 

El aire de melancolía durante la escena final, en la que celebran el fin de año es de lo mejor que he visto en el cine (foto que ya estoy deseando colgar el próximo 31 de Diciembre). Dos personas separadas por tres husos horarios y por dos mundos diferentes, que se desean pero que saben que su tiempo ya pasó. Me resulta imposible no recordar a Garci tarareando la canción de año nuevo (en Cowboys de medianoche) y mas aun no ponerme en la piel del mismo Eisenberg.

Ya lo dijo Loquillo después de ver la película y habiendo sufrido a unos snobs en un buen restaurante:  "Hacían bien los habitantes del cine clásico bebiendo sin ton ni son ¿Saben por qué? Porque el mañana lleva chanclas. ¡Como para no beber!" 
Aquella época quedó atras, tal vez no vuelva nunca mas y únicamente la encontremos en libros, canciones y películas. No es recomendable vivir en el pasado pero... Gracias por el viaje.


El mejor atardecer que ha visto Central Park, Café Society.




domingo, 30 de noviembre de 2014

Rumbo a alguna parte

Ahora entiendo cuando dicen que Carletto vive al lado del Retiro para pasear por el parque. Llevar el vestuario del Madrid es difícil, llevar una vida como a ti te gustaría, también. Ayer tuve la oportunidad de no tener absolutamente nada que hacer, así que después de acompañar a mi padre a Atocha decidí perderme por el Retiro, estuve mas de una hora andando en la que me dediqué solo a observar todo lo que hay dentro. La única zona en la que no estuve fue en la del estanque que es donde mas gente se concentra a ver los “espectáculos”, prefería estar lo más solo posible para poder quedarme con todos los detalles posibles, si, soy así... Igual me he inventado yo eso de que el Otoño es la época del año en la que mas variedad de colores hay (lo cual suena como a muy entendido), que sumado a todas las hojas cubriendo el suelo a modo de alfombra creaban un ambiente especial. Lloviznaba un poco, era lluvia como pulverizada y al no llevar paraguas había que replantearse seguir o salir de ahí cuanto antes. Decidí quedarme, pensé que seguramente entre unas cosas u otras tardaría en volver a tener alguna excusa para volver allí. Así que me fui perdiendo por todos los caminos que me iba encontrando, sobretodo hacia hincapié por meterme en los que no había gente, aproveché para hacer fotos y después no paraba de preguntarme cómo era posible que existiese ese paraíso en pleno centro de Madrid. Tal vez al no ver desde fuera todo el contenido que hay dentro a veces nos creemos que ya lo hemos visto todo, en realidad hablo por mi porque es verdad que hay muchísima gente que va a pasear sola o acompañada, otros muchísimos que van a hacer deporte allí (héroes), ya no solo correr, me maravilló ver a un montón de gente mayor haciendo estiramientos e incluso dando paseos que ya tenían contadas hasta las pisadas. Quiero creer y convencerme de que esa gente es feliz con sus vidas o que por lo menos esas cosas que hagan allí dentro les ayudan en su día a día.

Uno de los motivos ocultos de mi visita era tantear el terreno porque hoy tenia la carrera de ponle freno y aunque esta plagada de gente y vas siguiendo al rebaño es fundamental que pongas cara de que por lo menos sabes por donde se va y que parece que corres todas las mañanas por ahí. 
En mi visita de ayer me centre solo en pasear y sacar unas fotos (si las llego a hacer con la réflex que utilizo en mis casos clínicos me dan un premio). Me he dado cuenta de que para hacer buenas fotos, a parte de una buena cámara, lo único que hay que tener es paciencia y tal vez también una especie de visión artística para saber reflejar la belleza de lo que estas viendo. Algo que tal vez hoy se le resta importancia ya que nos creemos Steve McCurry con nuestro instagram. Yo no tuve mucho mérito porque no recuerdo haber plantado todos esos arboles, pero si tuviera que reconocerme alguno es que siento cierta curiosidad en buscar eso que a veces pasa desapercibido, esas pequeñas cosas que nos resultan insignificantes en nuestra rutina y darles el protagonismo que tal vez un día decidimos quitarles. Probablemente sea la diferencia entre esos fotógrafos y nosotros con nuestros iPhone. 
Después de haberme mojado y ensuciado suficiente decidí irme a casa, el resto del día fue tranquilo. Por la noche cené con amigos, procuré irme no muy tarde a casa (3:30am) porque al día siguiente tenia una carrera, que aunque era benéfica también era temprano, por lo que no era plan de llegar acabado y ser vapuleado por señoras con el cochecito de sus hijos (con todo mi respeto hacia ellas). Después de dormir cuatro horas el reto de hoy no era la carrera sino levantarse de la cama, menos mal que anoche solo bebí dos copas de vino por eso de que ayuda con el tema de la circulación sanguínea. Al final la lluvia ha dado una pequeña tregua y el día ha salido mejor de lo que habían anunciado, si llovía corría el riesgo de quedarme atrincherado en mi castillo de plumón no fuera a ser que me volviese a caer y destrozarme aunque solo fueran las zapatillas. 

La carrera ha ido estupenda, al menos he bajado el tiempo que me había propuesto, teniendo en cuenta que al principio vas evitando gente como si fuera el pistoletazo de las rebajas del corte ingles, no esta nada mal. Tal vez la parte que se me ha hecho más cuesta arriba (y nunca mejor dicho) ha sido la cuesta del Angel Caído, no entiendo como no ponen una rampa de esas de centro comercial, es mortal. Mientras la iba subiendo intentaba no pensar en nada que me recordara el cansancio, he mirado hacia atrás viendo solo niebla y alguna camiseta dentro de ella, así que a modo de despiste mental he intentado imaginar que gancho comercial sacaría Don Draper de toda esa situación, por suerte antes de llegar a pensar en un eslogan para Nike he llegado a coronar la cima, una vez ahí era prácticamente todo plano hasta llegar a la meta. Ansiado lugar donde la gente esperaba para aplaudirte, algo que he agradecido aunque iba solo y nadie me conocía, pero son cosas que a mi me llegan, tanto que me entraban ganas de pararme a darles las gracias personalmente. Como no, si había algo que me apetecía hacer hoy era cruzar la meta en plan Cristiano Ronaldo con su típico “saltito” y ante el miedo de poder liarla y salir en el telediario de Antena 3 he decido ser mas modesto y me he limitado a dar un salto más normal en plan Benzema


Hay gente que es capaz de relajarse bebiendo una copa o incluso jugando a videojuegos, no lo discuto en absoluto, cada uno tiene sus maneras, yo he descubierto que lo que más me ayuda a desconectar es salir a correr de noche, que es cuando menos gente y coches hay, normalmente voy por Castellana, doy una vuelta al Bernabeu (tremendo factor motivador) y vuelvo para casa. Mi nuevo reto va a ser hacerlo por la mañana antes de empezar el día, lo que conlleva levantarse prácticamente una hora antes, así que tampoco quiero prometer mucho. Vamos a ver si consigo hacerlo un par de días y ver que sensaciones tengo para decidir si merece la pena el madrugón. Otra cosa que me gustaría es correr por el Retiro, evidentemente correr allí es especial, pero si voy desde casa antes de entrar por Alcalá ya debería darme la vuelta porque seria una paliza espartana, así que lo tendré que dejar para los fines de semana o días con mas tiempo, porque seria muy cutre ir a correr al Retiro en autobús o metro. 

Hablando tanto del tema parece que soy un tío ultradeportista, en absoluto, solo que he descubierto que es una gran motivación y aunque salir a correr no me va a solucionar la vida es algo que me da ese plus que necesito para hacer otras cosas. Es como si de repente desaparecieran todos pitos de los coches, del metro al cerrarse las puertas y todos esos ruidos que al cabo del tiempo acaban destrozando a cualquiera. Al fin y al cabo para unos será escapar de algo y para otros correr hacia un objetivo. Lo importante será que funcione, yo creo que a mi mal no me va mal. Si Esperemos que las rodillas aguanten, porque que el final de Noviembre es sólo la antesala de Diciembre y mañana lunes volverá a sonar toda esa barahúnda. 



domingo, 28 de septiembre de 2014

Ha llegado el Otoño a la ciudad


Hoy me he levantado tarde y he ido desayunando mientras leía los papeles, (aunque ahora los lea desde el iPad). Me llama un amigo que tiene que viajar desde Córdoba hasta Oviedo y me dice que ve con buenos ojos parar en Madrid para comer, yo no puedo estar más agradecido. La gente suele aprovechar los domingos para pasear por la ciudad, yo creo que es el día idóneo para hacerlo en coche, nada de trafico ni pitos en cada esquina. Hoy no había nadie por la calle, serian casi las 4pm y pensábamos que hoy todo el mundo se dividía entre los que querían descansar si salieron anoche y los que no podían esperar al estreno del primer domingo de otoño con su tándem: peli-sofa-manta. Creo que es una combinación equiparable a la BBC en el Madrid (Bale-Benzema-Cristiano), algo que sabes que es simplemente Top. Las semanas van pasando y en el retrovisor ya no llegamos a ver aquel sol de verano con sus días de playa y mar. Nos enfundamos en una rutina de trabajo alejada de aquellos días en el chiringuito pero que tampoco es el fin del mundo. Madrid tiene muchísimas cosas, sobretodo buenas, es un entretenimiento continuo, siempre va a haber un restaurante nuevo que visitar, una exposición o algo tan simple y tan gratificante a la vez como compartir un café con alguien que hace tiempo que no ves. Es una especie de NY pero un poco mas pequeño y más nuestro. Como decían en “Begin again” : “Nadie viene a esta ciudad y se larga si no le ha pasado algo horrible”. Creo que es una película que estoy deseando protagonizar en la vida real aunque yo no sea Mark Ruffalo ni sea productor de una discográfica, pero me encanta su historia y su banda sonora. Me gustaría contárosla pero creo que es mejor que la veáis y saquéis vuestras propias conclusiones.

Volviendo al día de hoy… he de confesar que nunca me habían gustado los domingos hasta que llegue aquí, me parecían días aburridos en los que apenas se puede hacer nada, que equivocado estaba, (nadie es perfecto), lo que pasa es que como en la mayoría de las cosas realmente valiosas que hay en esta vida, no te das cuenta de lo buenas que son hasta que ya no las tienes. Pero me he dado cuenta de que los domingos están llenos de esos pequeños placeres, que para mi son los mejores, son los mejores días en los que puedes disfrutar sin salir de casa de ese libro, disco, película, serie que no puedes saborear el resto de la semana. Mañana será lunes otra vez, metro abarrotado y trabajo sin fin.

Pero seguiremos luchando encantados, porque en el fondo sabemos que poco a poco nuestra vida va pasando (y no en vano), porque sin darnos cuenta vamos tachando objetivos de esa lista que uno se hace nada más empezar un año. Yo me he marcado varios, algunos podíamos llamarlos profesionales y los otros como hobbies, léase volver a correr mas a menudo, sacarme el PER (algo que me propongo todos los años), escribir también más a menudo (ya sea de cualquier tema o algo tipo al “Unplugged” de Jabois) y sobretodo algo que me haría muy feliz: crear algo nuevo. 

Ya lo dijo Lennon hace años: la vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes. Y es una verdad como un templo, hasta que no te suceden cosas que no tenias planeadas no te das cuenta de que la vida hace contigo lo que quiere. Esta claro que siempre ayuda tener las ideas claras y seguir tu hoja de ruta, pero hay veces que ciertas cosas son irremediables por mucho que lo intentes.

El otoño ha venido para quedarse y aunque cada vez haga más frío no pasa nada, es una época para disfrutar, nos pondremos nuestro abrigo y saldremos a dar ese paseo, a tomar ese café e incluso a buscar a esa chica que no sabes donde se esconde, pero que estas seguro de que existe en alguna parte y estas deseando que llegue ese día en el que te  cruces con ella en esa cafetería, en ese restaurante y que es ella, la única con la que quieres pasar el resto de domingos de tu vida.